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domingo, 20 de enero de 2008

¿Eso era todo?

Se escuchó un sonido. Ella bajó el libro que estaba leyendo y observó a su alrededor. Todo estaba quieto, excepto por la suave brisa primaveral que pasaba a través de la ventana abierta y movía las hojas de las plantas del salón.

A veces pensaba que estaba acompañada. Esa casa se llenaba de sonidos, de ruidos, de movimientos, de conversaciones pero ella vivía mayormente sola. ¿De dónde provenían tales sonidos? No había otras casas cerca, así que muy probablemente estaba enloqueciendo. ¡Aquello no era normal!

Se levantó del sofá y comenzó a recorrer cada una de las habitaciones. Notaba una luz extraña, casi irreal, parecía como si caminase en sueños. Le gustaba aquella casa. Era cómoda, amplia, llana, llena de plantas verdes con destellos rojos y amarillos, paredes blancas y muebles de madera con tapizados sencillos color crema.

Pasó por la cocina y vió a través de las puertas de vidrio hacia el jardín trasero. Había un sol cálido y agradable. Todo brillaba tan hermoso. Le dió sed. Fue hacia el refrigerador, pero en ese instante nuevamente escuchó sonidos, voces. ¡Dios, hasta cuándo! Llevaba varios días escuchándolos. ¡Ya basta!, se dijo mientras se encaminaba hacia el lugar de donde provenían las voces.

Recorrió el pasillo que salía de la cocina y atravesó el salón. Pasó por el estudio y salió al patio interior en donde estaba la amplia piscina, rodeada de un hermoso jardín que era su mayor orgullo en esa casa. ¡Ahí estaban todos! Había muchas personas. Sólo reconocía a Mercedes su ama de llaves y a Juan, su chofer. El resto de las personas eran desconocidas. Todas estaban cerca de la piscina. Mercedes lloraba mucho, con sentimiento. Juan estaba callado. Sentado en una silla y había un hombre con un uniforme que no reconocía pero que suponía que era uniforme, porque algunas de las otras personas que estaban ahí lo llevaban, le daba algo, una pastilla probablemente y un vaso de agua. ¿Se sentía mal? ¿Por qué lloraba tanto Mercedes? Reconoció a ¿varios vecinos?

Comenzó a sentirse nerviosa, con un nudo en el estómago. Se acercó a Juan y le preguntó que ocurría, pero éste estaba como en un trance, no la escuchaba, no respondía. Se encaminó hacia donde estaba Mercedes, la abrazó y le preguntó qué ocurría, por qué lloraba tanto. Pero… ¡qué extraño! Mercedes parecía no verla ni escucharla. Sólo lloraba y se lamentaba.

¿Qué estaba ocurriendo? Trataba de conversar con las personas. ¡Estaban en su casa! Y ni siquiera tenían la gentileza de contestar a sus preguntas. Se dio cuenta que traían una camilla. ¿Quién estaría mal? ¡Eso es! Alguien se había herido o le había dado un desmayo y esas personas con uniforme seguramente eran paramédicos que venían con alguna ambulancia. De pronto reconoció el sonido de la sirena. Ese era el sonido que escuchaba cuando estaba en el salón leyendo.

Iban hacia la piscina. ¿Qué habría pasado? Alguien estaba en la piscina. Se dirigió hacia allá. ¡Cierto! Había una mujer boca abajo. ¿Ahogada? ¡Dios, pobre mujer! Y en mi casa, ¿quién sería? No recordaba haber invitado a nadie. Se habría colado y había corrido con tan mala suerte. La acercaron a la orilla. Pero es que… ¡además tenía un vestido igual a uno de los suyos! ¡Esto era el colmo! Seguramente la policía intervendría y le tomaría declaración, pero ¿qué podría decirle? Ella había estado leyendo en la sala. Disfrutando del libro que tanto le gustaba.

Giraron a la persona ahogada. Mercedes lloró con más énfasis y Juan cerró los ojos, en un acto de dolor. Algunos curiosos ahogaron un suspiro. Ella se abrió paso entre la gente, se acercó y no podía creerlo… ¡era igual a ella! ¿era ella? Se giró. Trató de gritarles que no era posible, que ella estaba ahí, ¿viva? ¡Nadie la escuchó! Se llevaron su cuerpo en la camilla y salieron de la casa hacia la ambulancia. Ella corrió tras ellos, pero algo la golpeó al intentar atravesar el umbral. Escuchó su nombre pronunciado tan suave y dulcemente. Le recordaba que su tiempo había llegado. ¿Eso era todo? ¿No había despedidas, ni abrazos, ni conciencia de lo que ocurría? Sintió una gran opresión en el pecho. ¡Todo no podía acabar de esa manera!

Volvió a escuchar su nombre. Abrió los ojos y vió a Mercedes. Se incorporó en el sofá. Mercedes le devolvía el libro que había estado leyendo. Mercedes la miraba dulcemente y le decía:

- Parece que has tenido un mal sueño.

Si eso había sido…. ¡un mal sueño!

1 comentario:

___ dijo...

Si es que de verdad mama! cada dia me impresionas mas! espero que sigas asi y nunca cambies esa "sangre de escritora" te felicito y muchisimo! eres genial! TKMW!

Mary Gaby.